amor

El jocho

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Enlace de la imagen: https://bit.ly/2VUPDyD

Todavía estaba indeciso cuando pedí el «jocho» a la señora del carrito —a mí no me gustan—; pero me entretuve con el recuerdo de que Zypza les decía así a los perritos calientes y sonreía y se movía inquieta mientras preparaban el bocadillo. También pedí una soda de dieta, la señora que me despachaba me miraba con sonrisa irónica.

—¿Con todo? —dijo con impaciencia.

—Sí, con todo y un poco más —dije, como ella decía, solo que yo no era tan angelical como Zypza y la señora me lanzó una mirada de esas que hieren de muerte.

Con el bocadillo y bebida en mano, fui dejando la avenida principal para dirigirme a una calle perpendicular a la de la casa de Zypza. Allí había unos escalones que servían de acceso a la puerta de una casa que había quedado a desnivel de la calle. Era un lugar apenas iluminado por una lámpara de mercurio. Un ambiente agradable para sentarse a cenar y escuchar las historias de Zypza. La escuchaba sin perder de vista sus gestos: arrugaba la frente o abría de más los ojos. Todo mientras disfrutaba de su «jochoݟ. Cuando terminaba, pegaba un salto y corría a la esquina para asegurarse de que su madre no estaba buscándola. Era divertido verla hacer eso, —ella era muy divertida—. Regresaba y bebía la soda a pequeños sorbos y me convidaba. Después llegaba el momento más esperado: Zypza me abrazaba y recargaba su cabeza en mi pecho. Ahí se quedaba durante un buen rato; sin hablar, sin moverse, solo sintiendo la cercanía de nuestros cuerpos. Siempre que lo recuerdo me da risa: era un momento de verdad especial impregnado con el olor de la mostaza. Luego me miraba con esa mirada que pretendía explicarme todo, pero no lo hacía.

La última vez que supe de ella me dio un beso, y como lo hacía siempre, corría sin voltear hasta la puerta de su casa. Solo un beso.
Siempre me paro indeciso frente al carrito de la calle principal y pienso en todas esas noches con ella. Aunque se haya ido, no dejo de comprar un «jocho» y una soda de dieta. El «jocho» lo dejo en los escalones. La soda me la bebo a pequeños sorbos junto con su recuerdo.

 

Sueños de colores

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sueñoscoloresEn esta tarde lloviznan sueños de colores, déjate colorear, todo se torna bonito. Expectante los vi caer, aquí, allá, livianos, dirigidos por nadie, pero sabiendo su camino. Y se alegran todas las flores, en un mundo de ilusiones. Ilusiones de un llanto que no se lloró nunca, que se funde con la lluvia y se torna en sueños, azules, amarillos. Una lluvia multicolor como el arcoíris de mis sueños, esos que anhelo cumplir a tu lado. Un punto y aparte en nuestra historia. Esta historia tan mía, y tan ausente de ti. Ausente e intangible, pero nuestra por y para siempre. Siempre hemos tratado de construir hombro a hombro en el telar de la vida, la historia más hermosa donde se tejen los sueños y se hilvanan ilusiones. Pero después de tanta espera ese gran sueño es ahora una hermosa realidad. Ya la carga de las ilusiones se me vuelve ajena, añeja. Intento aprender de mis errores y no volver sobre mis pasos. Busco la lógica y la experiencia que me sirven de impermeable y paraguas. Debo salir. Debo hacerlo. Se me terminó la comida. Y se me terminó el vino, todo eso lo puedo soportar, pero tu ausencia, jamás.

He perdido la cuenta de cuantos cigarrillos he fumado. La alacena huele a olvido, la vajilla ya no está completa, la comida es solo un sueño. Caen las gotas, los sueños se fragmentan, aquí, «plaf», allá, «plaf». Aunque esos sueños se destruyeron desde tu partida. Pero al menos tengo la esperanza de que el día de mañana me uniré junto a ti y estaremos juntos por siempre. En esta tarde lloviznan sueños de colores verdes olivos y se escuchan tanquetas anunciando una primavera de rosas rojas. Aunque hasta la misma esperanza me susurra que no lo haga. Que ya no te espere. Y en secreto me dijo un sueño, que debo ser feliz. Junto con ello mis recuerdos salen a flote, puedo jugar con mi memoria y recordar lo mucho que nos quisimos. Es como mi película favorita: la pauso y miro tu sonrisa, tu pelo volátil; miro con mucha atención como deslizo mis dedos por tu cuerpo como reímos y corremos a la orilla del mar. Pero ya solo es mi recuerdo como una película. Entre sueños y recuerdos fragmentados, un atisbo de ilusión se hace presente y te veo en mi lista de mandados entre chocolates y aguardiente. De todas las niñas quinceañeras que esperan al Príncipe azul en su blanco corcel. Solo espero la lluvia de sueños de colores para pedir mi deseo, pero no llega, mientras el príncipe no es ya azul, lo han dejado descolorido de tanto besar princesas equivocadas. Son los sueños de aquellos días que compartimos y que pronto quedarán en el olvido.

Aunque hay algunos sueños, que ni siquiera el olvido se atreve a matar. Cada noche tomo esa pastilla para soñar contigo. Se que ya no te podré tocar y, aunque para mí no sea suficiente, me conformo con verte y cada mañana me despierto con una mochila llena de frustración. Quiero quedarme a vivir allí pegado al vidrio tan frágil como yo, para sentirte cerca, corren mis lágrimas como corren las gotas en el vidrio. Y te alejas, y te acabas. Jugaré con los charcos coloridos de sueños, me atreveré.

Pero lo que nunca acabará será mi esperanza, esa que me grita a los cuatro vientos, que, aunque estemos lejos, de mi mente no te mantengo ausente, porque es más grande el amor que nos tenemos, y juramos en esa tarde que lloviznaban nuestros sueños de colores, que único amor verdadero era el de nosotros, que mi alma y tu alma están fundidas de hierro. Me niego a pensar que tu amor y el mío sean solo una quimera, un zarpazo de felicidad. Lo quiero todo, lo merezco y tú también. ¿Te acuerdas cuando nos besamos en esa tarde cálida de estío? Aún recuerdo tu mano en mi nuca y ahí te amé y supe que no hay nada más que tú y yo. Mojando poco a poco los corazones abatidos, dejando en cada esquina aquellos suspiros que entre beso y beso sellamos antes de partir en el último segundo de aquel minuto perdido que cuelga en esta fría noche. Y llegue tarde para decirte que nada es más lindo que un sin fin de colores, aquel que llena el alma vacía luego de tantas tristezas. Por eso, sueño con ellos y armo mi mas maravilloso mundo, pero eso sí; si estas conmigo.

Y desde entonces, es que comencé a volar… Tan alto que me desprendí de esta tierra. No me sueltes, que caeré sin alas. Sígueme sosteniendo a través de tus labios. Vuela con mis alas que yo me alimento de tu esencia. Permite que el resto del mundo sea nuestro cómplice mientras las estrellas danzan a nuestro alrededor. Una danza que esparce polvo de estrellas, envolviendo al universo en una llovizna de colores, donde cada gota trae un millón de sueños. Limpiando mis lágrimas negras ya mi horizonte se pinta más claro. Me idealizo que estás junto a mí, aunque solo sea mera ilusión: «mi amor platónico».  Y tú sin mí… Ya no habrá mal de amores.

Ahora, de vez en cuando me asomo a la ventana y recuerdo tus palabras; tu voz festiva diciéndome lo bello que sería que cada gota de lluvia fuese un sueño y cada sueño de un color distinto.

Este texto es el resultado de una dinámica propuesta en Facebook. Agradezco a todos los participantes por su valiosa contribución. A continuación los menciono en estricto orden de participación:

Paula Montoya, Aiko Esor, Magaly García, Anauj Zerep, Jeanett L. Ginory, Martha García Álvarez, Roa Soff, Raúl Leiva, Merry Zaragoza, Nanatza Martínez, Magda Bello, Lau Niom, De la Paz Ara, Gäbby Molina. Elvira Estévez, Julio Carlos de Posada, Norma Suárez Necs, María Vadillo, Janeth Funez, Marta Araneda González, Angie Rojas, Ricardo Hamet Pinto Quispe, Gabriela Jasso y Claudia Portu.

¡Muchas gracias por ser parte de esta hermosa comunidad!

In memoriam

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Hoy, un pensamiento se eleva desde lo más profundo del corazón, consecuencia de muchos recuerdos, de risas, de lágrimas, de añoranzas, de juegos y juguetes.

Aunque el llanto traiciona al sentimiento delatándolo sin disimulo, van pasando uno a uno todos esos días; acomete el dolor al caer en la cuenta que ya no volverán.

Sin embargo, es necesario aprender a vivir con esa pena constante; aprender a lidiar con ella hasta el último momento porque no se irá.

Ahora, en cambio, debemos encontrar en cada sitio, en cada lugar todo aquello que quedó de ustedes, porque a través de todo ello sabemos que, aunque se les extrañe, siempre estarán aquí,
de una forma distinta cada día, en cada cosa, en cada situación, en cada evocación de la memoria, en cada apreciación de ustedes.

Hoy hay ausencia, pero no hay olvido.

Hoy hay mucho dolor, pero queda el amor  y está por encima de todo.

 

La ilusión de todos los días: Sin lógica, sin tiempo, sin distancia

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Les comparto mi colaboración en el blog de Merche García, La ilusión de todos los días. ¡Gracias, Merche!

blog sobre reflexiones, foto, música, libros, conciertos, cine, relatos

Origen: La ilusión de todos los días: Sin lógica, sin tiempo, sin distancia

Reencuentro

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«¿Cómo fue que llegamos a este punto?» Me pregunté mientras miraba como el viento agitaba tu pelo. Quizá nos extraviamos en la indiferencia, cuando dejamos de reinventar nuestro sentimiento y solo recurríamos a él como una costumbre; así como cuando el día termina y llega la noche, tan inevitable y sistemático. Nos perdimos en el azul oscuro de la noche, en ese cielo que ya no volteábamos a mirar más. Siempre dispersos en la incomodidad del silencio cuando bebíamos café por las mañanas y con disimulo mirábamos al amor pasar. Ahora que nos encontramos, ¿valdría la pena, si tuviésemos el poder de regresar al pasado para cambiar su significado, volver a estar juntos? Sostengo tu mirada queriendo encontrar un rescoldo. Las palabras se arrastran lentamente. «¿Quién eres hoy para mí?» «¿Solo un nombre bonito?» Palabras y respuestas sujetas de la mano, se rehúsan a salir de su escondite. Estar y no ser. Mirar tus labios y tu carita. De repente todo toma un sentido: descubrir en tus ojos un par de sueños y, en tu boca, la complicidad de una promesa hecha beso. Al final, las dudas se convierten en oportunidades. Cierro los ojos y me dejo guiar por el corazón hacia un nuevo comienzo.

Cartas

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Ella despertó sobresaltada, no tanto por el trueno que había partido en dos el silencio de la noche, sino por la pesada angustia que, de tajo, le había arrebatado el sueño. Se levantó para asomarse a la ventana. Miles de gotas se estrellaban contra el cristal y se fugaban como lágrimas en un rostro entristecido. Intentaba, a la distancia, vincular su sentimiento ahogado. Buscaba con la mirada ávida, repasaba lo oscuro del cielo y el relámpago le hacía eco de la tempestad, ahora también presente en el exterior. Rememoraba cada línea de la carta que le había escrito: repasaba cada palabra diciéndola como una suplicada oración. Había escrito la epístola escogiendo palabras que tuvieran fuerza, esperanza y, sobre todo, amor. Con el propósito de que él, al leerla, tuviese ese soporte, ese pequeño alivio que reconfortara durante unos momentos su alma y reafirmara su fe en esos soplos en que las convicciones y valores se tambalean bajo el fuego enemigo. Ella no lograba conectar a la distancia. No podía encontrar ni un rescoldo que pudiera utilizar para encender una llama de paz. La ansiedad la derrotaba y sentía que pedacitos de su alma se arrastraban para escapar por sus ojos. Dio un paso atrás y se dejó caer en la cama. Lloró con los ojos cerrados hasta que no le quedaron mas recuerdos que evocar. Se durmió con la imagen del rostro de su amado frente al de ella, mirándose a los ojos, buscando cada cual, el significado del amor en las pupilas del otro.

   A miles de kilómetros, al pie de la montaña, el día iniciaba en el campamento con el pase de lista y la entrega de la correspondencia. Hubo una carta que no se entregó a su destinatario. El soldado encargado de tal tarea, anotó con descuidada caligrafía, en la lista: «No entregada» y estampó en el reverso del sobre, «Devolver al remitente». Comparó con otra lista y siguiendo la columna con su dedo índice, corroboró los nombres. Puso una marca con su bolígrafo. Dispuso una hoja con membrete militar en el rodillo de la máquina de escribir y con aburrido gesto, comenzó a teclear, de memoria, la redacción de la notificación para los desaparecidos en acción.

La sonrisa del universo

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Luna
«Luna» por Carlos Quijano

Cuenta una leyenda, que hubo una vez una diosa que se cansó de vivir entre los mortales, así que una noche ascendió y se convirtió en luna. Durante un eón ocupó un lugar aislado en la galaxia. Solitaria, contemplaba desde las alturas, el planeta tierra. Se daba cuenta que echaba de menos algunas cosas de aquel mundo y de inmediato se cubría de tristeza. Un día, un grillo que estaba parado en una ramita, notó esa desolación. Tomó su violín y comenzó a tocar una suave melodía. La serenata llegó hasta la diosa luna —gracias a la ayuda de las luciérnagas, del viento, las nubes y las estrellas—, y le gustó tanto la canción del grillo, que se le vio sonreír feliz. Ahora, cada vez que hay luna menguante es porque el grillo toca y la música logra que la luna dibuje una brillante sonrisa en el cielo estrellado.