Me estalla la cabeza, me duelen los bolsillos, me pesa el alma

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Conozcan la obra de Elvira Martos, autora destacada de Salto al reverso de este cuatrimestre.

Visiten su sitio web: elviramartos.com

SALTO AL REVERSO

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Mamá

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Colaboración de este mes en Salto al reverso.

SALTO AL REVERSO

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«Patient in Hospital Room» Pulicdomainpictures CC0

Estaba harto de vivir con su madre. Sus hermanos le habían endilgado la responsabilidad de cuidarla porque él no tenía compromisos familiares y aprovecharon que también se quedó sin empleo. Un asistente confiable, dijeron. Le darían recursos para manutención de su madre y un poco más para él. No pudo negarse, lo tenían contra las cuerdas. Se mudó a la casa en dónde vivió de niño; dormiría en la misma habitación. Su madre rebasaba los ochenta años y sufría episodios de demencia senil, pero en ocasiones estaba lúcida en su totalidad.

—¿Hola?  ¿Me escuchas? —dijo mientras acomodaba el aparato telefónico en su oreja.

—¿Emilio? ¿Ha pasado algo? —se escuchó la voz por encima de un zumbido.

—Felipe, necesito que deposites más dinero. Está ocupando más pañales y los paquetes que han traído casi se acaban.

—Dile a Rosa. Este mes me tocó pagar los…

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Un microcuento para antes de dormir

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Acompañé a mi madre a la comandancia de policía. Habían pasado las 72 horas que establecía la ley para declarar a una persona como desaparecida.
—Iniciaremos una carpeta de investigación, señora —dijo el ministerio público. Y le entregó una copia del acta circunstanciada a mi madre. Ella miró el documento en silencio y no respondió al agente. Miraba y callaba como siempre.— Comenzaremos la búsqueda de su marido de inmediato, circularemos su fotografía por todos los medios hasta encontrarlo.

No lo encontrarían. Solo yo sabía los lugares en donde enterré cada parte de su cuerpo.

Él ya no volverá a hacerme daño.

A estas horas

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Les comparto una entrada de nuestro autor destacado del cuatrimestre en Salto al reverso, Poetas Nuevos..
Los invito a visitar su blog personal: poetasnuevos.wordpress.com.

SALTO AL REVERSO

Extraño el azul de tu voz, desde ese acento canchero y la forma en que arrastras algunas palabras, hasta el brillo fino de un: ¡¡pero, ché!!

Extraño tus manos acariciando el cielo de mi mirada, tan azul de verte, tan azul de soñarte, tan azul de sorprenderte cuidando mi piel.

Extraño el destello en tu cabello del azul de la luna en días sin estrellas y la panza del firmamento explota en azul intenso y nosotros nos amamos.

Extraño el a contraluz de tu pecho, azul que deshaciéndose en mi boca, una dosis tan tuya como mis manos en tus caderas, agitando el mar.

Extraño que seamos lo escrito a diario entre el jueves, viernes y domingo, en el fondo azul del blog y a veces en un salto al reverso de nuestras vidas.

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Ebriedad

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Quise olvidarte bebiendo una botella entera de amnesia; al otro día tuve una resaca de recuerdos.

El jocho

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Enlace de la imagen: https://bit.ly/2VUPDyD

Todavía estaba indeciso cuando pedí el «jocho» a la señora del carrito —a mí no me gustan—; pero me entretuve con el recuerdo de que Zypza les decía así a los perritos calientes y sonreía y se movía inquieta mientras preparaban el bocadillo. También pedí una soda de dieta, la señora que me despachaba me miraba con sonrisa irónica.

—¿Con todo? —dijo con impaciencia.

—Sí, con todo y un poco más —dije, como ella decía, solo que yo no era tan angelical como Zypza y la señora me lanzó una mirada de esas que hieren de muerte.

Con el bocadillo y bebida en mano, fui dejando la avenida principal para dirigirme a una calle perpendicular a la de la casa de Zypza. Allí había unos escalones que servían de acceso a la puerta de una casa que había quedado a desnivel de la calle. Era un lugar apenas iluminado por una lámpara de mercurio. Un ambiente agradable para sentarse a cenar y escuchar las historias de Zypza. La escuchaba sin perder de vista sus gestos: arrugaba la frente o abría de más los ojos. Todo mientras disfrutaba de su «jochoݟ. Cuando terminaba, pegaba un salto y corría a la esquina para asegurarse de que su madre no estaba buscándola. Era divertido verla hacer eso, —ella era muy divertida—. Regresaba y bebía la soda a pequeños sorbos y me convidaba. Después llegaba el momento más esperado: Zypza me abrazaba y recargaba su cabeza en mi pecho. Ahí se quedaba durante un buen rato; sin hablar, sin moverse, solo sintiendo la cercanía de nuestros cuerpos. Siempre que lo recuerdo me da risa: era un momento de verdad especial impregnado con el olor de la mostaza. Luego me miraba con esa mirada que pretendía explicarme todo, pero no lo hacía.

La última vez que supe de ella me dio un beso, y como lo hacía siempre, corría sin voltear hasta la puerta de su casa. Solo un beso.
Siempre me paro indeciso frente al carrito de la calle principal y pienso en todas esas noches con ella. Aunque se haya ido, no dejo de comprar un «jocho» y una soda de dieta. El «jocho» lo dejo en los escalones. La soda me la bebo a pequeños sorbos junto con su recuerdo.

 

Ahora

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Shadow hand

Hay líneas que en lugar de borrarlas es mejor no escribirlas.

Queda una historia en turno a la espera de canjear su significado.

Así sobrevivo en un cuarto sin ventanas para no ver como va la vida allá afuera sin ti.

Porque lo que hay dentro no alcanza para vida, pero tampoco roza la muerte, ahora.

Y el viento ya no dice nada, la luna ya no alumbra para ambos; todos los días son iguales.

Queda un alfabeto desconectado y una máquina que a veces hace ruido.

La lógica se convirtió en reproche, el tiempo en algo extraño y la distancia se ha hecho enorme, ahora.

El insomnio impera por las noches, mientras que en el día tus luces ciegan la razón.

¿Durante cuánto tiempo debo perseguir al olvido? ¿Cuántas lágrimas se necesitan para agotar el pasado?

Solo hay silencio y no respuestas, ahora.

Ahora hay una aterradora confusión entre el ser y el estar; entre el ir y venir; entre el vivir y morir.

Ya no hay verbos ni adjetivos, solo queda este maldito adverbio: ahora.

Y así es como me siento, perdido en un laberinto oscuro de emociones que mueren y renacen.

Con un pasado qué se niega a morir, un futuro que nunca fue y como único testigo de esta rabiosa soledad, el ahora.

Imagen: Carlos Quijano